Nos habían contado muchas veces como viven las niñas en Mozambique. Pero es ahora cuando me doy cuenta de cómo es su día a día, y no puedo evitar compararlo con el de nuestras niñas.

Su vida es un continuo caminar, de día y de noche. Caminan solas por los caminos que comunican las aldeas, cargadas de agua, de leña, con su hermanito a cuestas. Vendiendo fruta en el mercado o en los cruces de las carreteras, cuando es la hora de estar en la escuela.

Pero a la mínima oportunidad están contentas, risueñas, de esta alegría que es contagiosa.

Ahora, más que nunca me siento orgullosa de lo que hemos luchado por conseguir becas de estudio para que algunas niñas puedan ser niñas, puedan jugar, estudiar, intentar conseguir un futuro mejor para ellas y para sus familias.

Escuela Nacala

Este domingo, nos dieron una preciosa bienvenida las niñas de la Escuela Femenina de Nacala, en las que tenemos niñas becadas desde el año 2001. Pudimos compartir con ellas una eucaristía con rito africano y por la tarde nos hicieron unos bailes de bienvenida (he de confesar que se me saltaron las lágrimas muchas veces, fue un día muy especial para todas). No puedo explicar el ambiente que se formó, lo bien que suenan sus voces, lo alegres que son los bailes y lo cómplices que nos hicieron.

Además, los actos tuvieron lugar en el “poirot” (salón de usos múltiples) construido hace unos años por una de nuestras socias.

El lunes vistamos las clases y fue una toma de conciencia de la estupenda educación que están recibiendo las niñas y ellas nos lo agradecían por las distintas aulas. Son un encanto, alegres, cariñosas.

¡Obrigadas meninas! seguiremos trabajando para que más niñas puedan estudiar como ustedes.