Hemos conocido a Ana, así que aquí va completo

Cuenta la hermana Ángela

“Son muchas historias tras 40 años en Mozambique, pero algunas, no sabes por qué, se te quedan grabadas aquí”…

 Murrije, nació el día de Navidad. En makua(lengua que se habla en esta zona de Mozambique) su nombre significa”échala”. Se lo puso el padre, que no esperaba que su destino fuera distinto al de sus 9 hermanos que habían muerto todos.

Murrije pesaba 1,5 kg con tres meses cuando comenzó asistir al centro nutricional en Alúa que gestionan las misioneras combonianas. Durante varias semanas permanecieron en el centro para poder dispensarle el tratamiento…desde el principio la madre mostró mucha constancia, y la niña poco a poco ha ido mejorando hasta alcanzar los tres kilos.

 La madre entonces comenzó a llamarla Ana, en honor a una monja que estaba de paso por Mozambique y que en aquellos días ayudaba en el centro nutricional y de esta manera evitaba un nombre que sería un estigma para toda su vida.

Ana

Ahora van cada 15 días a buscar la leche y la papilla especial preparada a base de cereales, frutos secos , cáscaraca de huevo, etc…complejo que preparan buscando que tenga los nutrientes necesarios para el rápido fortalecimiento. La visita al centro sirve para llevar un control de los niños y aunque quisieran evitar desplazamientos largos, no es posible dispensar mayor cantidad de leche y papilla,las casas no tienen condiciones para almacenarlo y los ratones pueden comérselo. Ejemplo este, de la cantidad de circunstancias y complicaciones que ocurren.

Centros como estos atienden a niños con desnutrición, una de las principales causas de mortalidad infantil. Madres muertas en el parto o posteriormente con sida. La falta de nutrientes de la mujer y específicamente durante el embarazo complica la salud materno infantil. Y otro ejemplo ilustrativo,  las mujeres embarazadas comen la tierra de los montículos que forman las hormigas, que contiene más hierro que el barro normal.

Es increíble el sacrificio de la mujer en este país. La madre de Ana camina con la niña a cuestas, algo de comida para alimentarse esos días la distancia de “dos noches” (poco importa cuantos kilómetros sean eso). Y otra vez de vuelta, pero esta vez con un cubo en la cabeza porque para hacer la papilla debe buscar una fuente de agua en buenas condiciones y esto le obliga a recogerla kilómetros antes de llegar.

Pero esta vez sí, Ana, bakani bakani (poco a poco) se está poniendo fuerte.